¿Fugaz conjunción planetaria o ‘perfectas’ estrellas casi desconocidas alrededor del genio del mejor Álex de la Iglesia?

Miércoles por la tarde dejando paso a una fría noche donde la noticia más destacada en los medios, aparte de determinado personaje político que quiero olvidar, es la Superluna azul de sangre, y no, no es otro superhéroe en busca de sagas y remakes; sino se trata de un acontecimiento astronómico que, según dicen, ocurre una vez cada 150 años. Aparte de tan ‘señalado’ día, es también el día del espectador en el cine de un centro comercial, invadido por hordas de ‘supervivientes’ que, seguro por la histeria colectiva provocada por tal apocalíptica señal, compran artículos de primera necesidad en tiendas de abastecimientos tales como Tiger, Zara o Décimas.

Había quedado con un grupo de amigos/conocidos de uno de los muchos grupos de whatsApp que dicen que salen pero luego se hartan de mandar memes cuando no chistes malos, aún con la esperanza de ver Star Wars 8: Los Últimos Jedis, más por satisfacer mi curiosidad y por quitarme la espina de no haber visto la séptima entrega. Pero había decidido ella, la única chica presente, en ver Perfectos Desconocidos o El Corredor del Laberinto: La Cura Mortal, pero opté porque viéramos la primera, de la que además tenía muy buenas críticas, porque odio ver partes de sagas sin ver el resto.

Nos sentamos sin muchas expectativas sobre cualquier peli de origen patrio, ya que la verdad, si hay crisis en el sector es también por la calidad creativa de las últimas: Destacar que esta misma es un ‘remake’ de la película homónima Perfetti Sconosciuti del director italiano Paolo Genovese del año 2016. Pero, aunque el principio es muy confuso con la presentación de los personajes, una de las tramas me hizo parpadear, pues era de rabiosa actualidad. Durante la cena de tan variopintos personajes, ocurre el fenómeno de la Superluna azul de sangre, sólo que en la realidad sólo se podía ver desde América del Norte. Y a partir de ahí, como embrujados por dicho fenómeno, algo inexplicable a la par que maravilloso sucedió: toda la sala empezó a desternillarse de la risa, golpe a golpe, broma tras broma… aunque yo sólo estaba pendiente de una sola risa, la suya, que a su vez, me contagiaba de felicidad y ternura. Gracias a este magnífico elenco de actores que, si bien muy reconocidos por haber pasado por la televisión nacional, no pasarían por ser la primera fila del cine español, salvo los internacionales Eduardo Noriega y Belén Rueda, soberbia en su papel de psicóloga del grupo, con citas personales para uno de ellos.

Al final y, pese a toda la simpleza del filme inherente al guion, el clasico juego de la verdad pero para millenials, lo que le perjudicará a la hora de criticarla los medios ‘serios’, ha demostrado el bueno de Álex de la Iglesia que no se necesita ni ‘grandes estrellas’ ni complejos fuegos artificiales, para comerse la taquilla y reencontrarse con un cada vez más selectivo público, que creía muerto a su añorado cine, el de toda su vida, y es que como dice en su moraleja ‘A veces, para avanzar hay que ceder y dar un paso atrás’. Esperemos que no tenga que pasar otros 150 años para volver a ver obrar el milagro: la magia del cine, el de verdad, existe.

Lo digo por experiencia. Muy recomendable.

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